Con la minería física, compras una máquina (un ASIC), la conectas y la operas tú mismo. Lo controlas todo, pero también gestionas la electricidad, la refrigeración, el ruido, el firmware, el tiempo de actividad y, finalmente, la reventa o el desecho.
Con un minero digital, tienes potencia de minería representada de forma digital en una plataforma, mientras que el operador hace funcionar el hardware subyacente. Sigues pagando la electricidad y el mantenimiento detrás de esa potencia, pero no gestionas una máquina física en casa.
Ninguno de los dos modelos cambia los fundamentos de la minería: las recompensas se pagan en BTC, dependen de la dificultad y el precio, y conllevan costes continuos. La diferencia está sobre todo en quién se encarga de las operaciones y cuánto control conservas.